
Pero detrás del paisaje que atrae a turistas de todo el mundo existe una amenaza geológica que las autoridades monitorean de manera permanente. Sobre el Geirangerfjord se encuentra Åkneset, una zona de montaña inestable que se desplaza lentamente y que podría desprenderse en el futuro.
El escenario que preocupa a los especialistas es extremo: si una gran masa de roca cayera al fiordo, el impacto podría generar un tsunami que afectaría a las localidades situadas en sus orillas, incluida Geiranger. El fenómeno no tiene una fecha prevista y los investigadores no pueden determinar cuándo podría producirse el desprendimiento.
UN DESTINO TURÍSTICO FRENTE A UN RIESGO NATURAL
El contraste es uno de los aspectos más llamativos de Geiranger. Mientras los especialistas vigilan los movimientos de la montaña, el pueblo continúa siendo uno de los grandes atractivos turísticos de Noruega.
El Geirangerfjord, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2005, es una de las grandes postales del país y recibe cientos de miles de visitantes cada año. Los viajeros llegan por carretera, crucero y embarcaciones para contemplar el fiordo, sus cascadas y las montañas que rodean la localidad.
La enorme afluencia turística convierte al riesgo geológico en un desafío adicional para las autoridades. Un eventual desprendimiento no afectaría únicamente a los residentes: durante la temporada alta, la cantidad de personas que se encuentran en Geiranger puede multiplicar varias veces la población permanente.
La amenaza también llegó al cine. Geiranger y su fiordo fueron el escenario de Bølgen, conocida internacionalmente como The Wave y estrenada en español como La última ola. La película, dirigida por Roar Uthaug y estrenada en 2015, imagina qué sucedería si Åkneset colapsara y una enorme ola avanzara por el fiordo hacia el pueblo.
La ficción parte de un riesgo real. Åkneset existe y continúa bajo vigilancia, ya que se trata de un deslizamiento de roca activo. Investigaciones citadas por medios noruegos señalan que la montaña se mueve aproximadamente seis centímetros por año.
El hecho de que exista este riesgo no significa que el desastre sea inminente. Los especialistas pueden monitorear los movimientos de la montaña, pero no establecer con precisión cuándo podría producirse un eventual desprendimiento. Por eso, la estrategia se concentra en la vigilancia permanente, los sistemas de alerta y los planes de evacuación.
La región tiene además antecedentes de este tipo de fenómenos. En 1934, un desprendimiento en Tafjord provocó un tsunami que dejó numerosas víctimas, un episodio que forma parte de la historia de los riesgos naturales de los fiordos noruegos.
Así, Geiranger convive con una paradoja particular: el mismo paisaje que lo convirtió en uno de los destinos turísticos más atractivos de Noruega también esconde uno de sus mayores riesgos naturales. Cada año, cerca de un millón de personas llegan para contemplar sus montañas y cascadas, mientras los especialistas continúan monitoreando la ladera que podría, algún día, desencadenar una ola sobre el fiordo.
