El Caribe mexicano atraviesa una de las etapas más complejas de los últimos años y, para los empresarios turísticos, la caída en la llegada de visitantes y de los ingresos ya configura un escenario que, en algunos indicadores, resulta incluso más difícil que el registrado durante la pandemia de COVID-19.
Dolores López Lira, fundadora y presidenta del Consejo de Administración de Grupo Lomas, advirtió que la combinación de una menor conectividad aérea, reducción de viajeros, bajos niveles de ocupación, incremento de costos y un tipo de cambio desfavorable está colocando a las empresas del sector bajo una presión financiera sin precedentes.
“Por primera vez en nuestra historia, ni con la pandemia, hemos tenido que pedir apoyo a nuestros colaboradores de ceder días”, afirmó la empresaria, al explicar que la reducción de la actividad turística ya tiene efectos directos sobre las fuentes de ingreso de los trabajadores.
El deterioro del mercado tiene uno de sus principales indicadores en la actividad aérea. López Lira señaló que durante las temporadas de mayor demanda el Aeropuerto Internacional de Cancún llegó a registrar más de 600 operaciones diarias, mientras que actualmente apenas supera las 300.
“Eso te da la pauta del 50%”, sostuvo, al referirse a la reducción del movimiento aéreo, que considera uno de los principales factores detrás de la menor llegada de turistas al destino.
Menos vuelos, menos turistas y una cadena de impactos
La empresaria atribuyó la contracción a una combinación de factores que han golpeado la capacidad de los viajeros para desplazarse hacia el Caribe mexicano.
Entre ellos mencionó los conflictos internacionales, el incremento en el precio de la turbosina y el encarecimiento de las tarifas aéreas, además de los cambios en la operación de las aerolíneas de Estados Unidos y Canadá.
Incluso el Mundial de futbol, que inicialmente era considerado una oportunidad para el turismo regional, terminó generando efectos adversos sobre la conectividad hacia México. De acuerdo con López Lira, algunas aerolíneas estadounidenses trasladaron aeronaves que operaban hacia el mercado mexicano para atender la demanda de vuelos internos relacionada con el torneo, mientras que Canadá hizo movimientos similares.
“Durante el Mundial, lo que todos pensamos que nos iba a beneficiar, nos perjudicó”, señaló.
A esto se sumó un cambio en el comportamiento del mercado estadounidense, particularmente en Texas, considerado históricamente uno de los principales mercados para el verano.
López Lira explicó que el endurecimiento de los operativos migratorios del ICE provocó temor entre parte de la población latina, reduciendo su disposición para acercarse a los aeropuertos y viajar.
“Los latinos no quieren acercarse a un aeropuerto, sean o no legales. Entonces, no viajaron, no están viajando. Eso nos afectó considerablemente”, afirmó.
El tipo de cambio y el aumento de costos agravan la presión
La menor llegada de visitantes ocurre además en un momento en que las empresas enfrentan mayores costos de operación y una reducción del valor de sus ingresos en dólares al convertirlos a pesos.
López Lira explicó que buena parte de las proyecciones empresariales se realizaron considerando un tipo de cambio cercano a 20 pesos por dólar, mientras que actualmente se encuentra alrededor de 16 pesos.
“Ahorita el dólar está a 16, es decir, de entrada estamos percibiendo cuatro pesos por cada dólar menos”, puntualizó.
Al mismo tiempo, impuestos, salarios, insumos e incluso los combustibles han incrementado su costo. La empresaria estimó que en los últimos cuatro años estos conceptos han acumulado un aumento cercano al 80 por ciento.
“Todos los impuestos, los salarios, los insumos, la gasolina, se han incrementado; estamos analizando y en cuatro años ha subido 80%”, expresó.
El resultado es una combinación particularmente complicada para las empresas: menos turistas y, por consecuencia, menos ingresos, pero mayores costos para mantener las operaciones.
Riviera Maya enfrenta ocupaciones de hasta 40 por ciento
La situación también se refleja en la hotelería. López Lira estimó que, en términos generales, algunas zonas de la Riviera Maya registran actualmente niveles de ocupación de entre 30 y 40 por ciento, aunque reconoció que determinados establecimientos alcanzan niveles de 60 y hasta 70 por ciento.
El problema, explicó, no se limita al número de habitaciones disponibles, sino a la composición del mercado que actualmente está viajando.
Se trata de un segmento que genera un importante volumen de visitantes y que, ante el encarecimiento de los viajes, está reduciendo sus desplazamientos.
A la presión sobre la hotelería se suma el crecimiento de las plataformas de alojamiento vacacional. López Lira aclaró que el modelo de Airbnb no es negativo por sí mismo, pero consideró indispensable que opere bajo reglas que permitan condiciones similares a las que enfrenta la hotelería formal.
“Qué bueno que ofrece sus casas, sus departamentos, pero que debía cubrir ciertos lineamientos como tenemos que hacerlo nosotros”, señaló.
La preocupación, explicó, tiene también una dimensión económica y social, pues la actividad formal genera empleos y recursos fiscales.
“Estamos hablando de ingresos para los trabajadores, ingresos para los impuestos”, puntualizó.
El sargazo también impacta la imagen del destino
Otro elemento que, a juicio de la empresaria, contribuye a deteriorar la percepción turística del Caribe mexicano es el sargazo.
López Lira consideró que otros destinos del Caribe y Estados Unidos también enfrentan el fenómeno, pero han optado por darle una menor exposición pública.
“Somos tan buenos publicistas que a todo el mundo le decimos, tenemos sargazo, tenemos sargazo, tenemos sargazo”, ironizó.
Mencionó, entre otros lugares, a Jamaica, República Dominicana, Florida y Texas, al considerar que también registran acumulaciones de sargazo, pero sin la misma exposición mediática que existe en Quintana Roo.
La crisis ya llegó a los trabajadores
Uno de los aspectos que mayor preocupación genera para el sector empresarial es que la contracción turística ya está alcanzando directamente a los trabajadores.
López Lira reveló que Grupo Lomas ha tenido que solicitar a algunos colaboradores ceder determinados días de trabajo, una medida que, aseguró, nunca había sido necesaria, ni siquiera durante la pandemia.
“Eso es algo que nos duele porque sabemos que no están recibiendo propinas, que no tienen sus ingresos completos”, afirmó.
La reducción del flujo turístico tiene así un efecto multiplicador: disminuye la actividad de las empresas, reduce las jornadas y las propinas de los trabajadores y, al mismo tiempo, mantiene intactas buena parte de las obligaciones que deben cubrir las compañías.
“Nuestras obligaciones continúan al pie de la letra”, sostuvo.
Para la empresaria, el escenario actual obliga a mirar más allá de las cifras generales de visitantes y ocupación, pues el verdadero impacto comienza a reflejarse en la capacidad de las empresas para sostener sus operaciones y en los ingresos de miles de trabajadores que dependen directamente del turismo.
La recuperación, consideró, estará estrechamente vinculada con la capacidad del destino para recuperar conectividad aérea y atraer nuevamente al turismo de volumen, particularmente de los mercados internacionales que históricamente han sostenido la actividad turística del Caribe mexicano.
Como lo informó REPORTUR.mx, recientemente los hoteleros de Quintana Roo concretaron ante los políticos el grado de culpa que los gobernantes están teniendo en el actual declive del Caribe mexicano, y las acciones que se encuentran en su mano para revertir esta crisis de una magnitud que pone en riesgo a las empresas del sector, incluso al grado de darse ya cierres temporales por parte de algunos centros de hospedaje. (QRoo: hoteleros detallan grado de culpa de gobernantes ante la crisis).
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