El Caribe más allá del sol y la playa: la propuesta que busca el viajero argentino
El Caribe más allá del sol y la playa: la propuesta que busca el viajero argentino
Durante años, el Caribe fue asociado casi exclusivamente al descanso frente al mar y a los resorts todo incluido. Hoy, el viajero argentino amplió su mirada: busca experiencias auténticas, identidad cultural, bienestar, naturaleza y propuestas que transformen el viaje en algo más profundo que una postal.

En ese contexto, destinos como Cuba, Aruba y Curaçao muestran que el Caribe tiene mucho más para ofrecer que arena blanca y aguas turquesa. Para descubrirlo, Mensajero habló con los representantes de los destinos, quienes detallaron las propuestas por fuera del segmento sol y playa.

Desde Cuba, José Antonio Aguilera, director de la Oficina de Turismo para el Cono Sur, explicó a Mensajero que la relación entre el mercado argentino y la isla es histórica y profundamente cercana. Argentina se posicionó desde los inicios del desarrollo turístico cubano como el principal mercado sudamericano, impulsado por la conectividad aérea y por una propuesta que combina sol y playa con ciudad, patrimonio e identidad cultural.

La isla se recorre y se vive: caminar La Habana Vieja, dialogar con su gente, escuchar música en cada esquina, recorrer la ciudad en autos clásicos o participar de festivales de cine, baile y música forman parte de un entramado cultural que atraviesa la experiencia del visitante. A eso se suman vivencias ligadas al patrimonio, como la ceremonia del cañonazo de las nueve, los recorridos por Trinidad o Viñales y el contacto con tradiciones que siguen vigentes.

Más allá de sus playas —que se destacan en el Caribe por la ausencia de sargazo durante todo el año—, Cuba ofrece un diferencial difícil de replicar: una cultura viva que se experimenta en la calle. El viajero argentino no llega solo en busca de playa, sino de historia, identidad y emociones. Cuba propone experiencias que conectan con los sentidos: aprender sobre el habano cubano desde su origen, disfrutar de la coctelería clásica como el mojito o el daiquiri en sus espacios emblemáticos, explorar la gastronomía local o alojarse en casas particulares que permiten un intercambio directo con la vida cotidiana. También se destacan las experiencias de naturaleza y aventura, como el turismo rural, agrícola, el buceo, la pesca o la observación de aves, que amplían el abanico para distintos perfiles y edades. En ese recorrido, la gente se convierte en el principal valor diferencial del destino.

El perfil del viajero argentino es amplio: jóvenes atraídos por la vida cultural y nocturna, adultos mayores que repiten el destino en busca de tranquilidad e historia, familias que valoran la seguridad y la hospitalidad, y segmentos específicos como el turismo LGBTQ, que encuentra en la isla un entorno integrado y seguro. A esto se suma una relación calidad–precio competitiva y la posibilidad de vivir experiencias auténticas a través del alojamiento en casas particulares y del contacto directo con la comunidad, donde la gente se convierte en el principal valor del producto turístico.

Desde Aruba, Soledad Lladó, encargada de Prensa y Relaciones Públicas del destino, comentó que Argentina es históricamente uno de los mercados más relevantes de Sudamérica, tanto por volumen como por afinidad cultural. En los últimos años, el crecimiento del turismo nacional fue sostenido, con una recuperación muy sólida tras la pandemia. El viajero argentino no solo llega, sino que se queda más tiempo que el promedio regional y repite la experiencia, lo que refleja un fuerte vínculo emocional con la isla.

Si bien las playas funcionan como puerta de entrada, el diferencial de Aruba está en todo lo que rodea a esa postal. En un territorio compacto conviven playas tranquilas y zonas ideales para deportes acuáticos. Asimismo, alejándose de la abundancia del ecosistema marino, también se encuentra el Parque Nacional de Arikok, playas convertidas en desiertos, con cactus verdes y riscos de piedra caliza, que han sido tallados por las olas y los vientos alisios. Además, con una importante vida nocturna, se recorre su capital vibrante: Oranjestad, lo que permite vivir múltiples experiencias en un mismo viaje. La gastronomía es otro de los grandes atractivos, con una cocina multicultural que fusiona influencias caribeñas, europeas y latinoamericanas, posicionando al destino como una opción foodie en crecimiento.

Como otro segmento fuerte, el bienestar atraviesa las experiencias durante toda la estadía: yoga frente al mar, spas, propuestas de reconexión y un ritmo de vida que invita a bajar las revoluciones. A esto se suma la posibilidad de explorar de manera autónoma, alquilar auto, salir de noche y combinar descanso con actividades, en un entorno seguro y con servicios de alto nivel. La sostenibilidad, con acciones concretas de cuidado ambiental que también forma parte del relato experiencial del destino en sus comercios, como por ejemplo la plantación histórica de aloe vera y sus más de 400 productos nacidos de este gel.

Por su parte, Iris Carrasco, Coordinadora para el Cono Sur de la Oficina de Turismo de Curaçao, destacó el fuerte crecimiento del mercado argentino. En 2025, Argentina se consolidó como el tercer mercado sudamericano para la isla, con un crecimiento del 135 % y más de 21.500 visitantes. El argentino que elige Curaçao es un viajero activo, que alquila autos, recorre la isla y destina buena parte de su presupuesto a experiencias.

Uno de los grandes diferenciales del destino es su identidad cultural europea-caribeña. Willemstad, su capital, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y combina arquitectura de inspiración holandesa con colores caribeños, una vida cultural intensa y propuestas que se disfrutan tanto de día como de noche. Curaçao invita a salir del hotel y vivir la isla: caminar la ciudad, descubrir arte urbano, participar de eventos, disfrutar de bares y gastronomía, y combinar la playa con actividades como nadar con tortugas, visitar cuevas, escalar montañas o realizar excursiones a Klein Curaçao, uno de los tours más demandados por el mercado argentino. El crecimiento de alojamientos alternativos, como hoteles boutique y departamentos, refuerza una tendencia clara: el viajero argentino busca optimizar el gasto en alojamiento para invertir más en vivencias.

En los tres casos, el desafío y la oportunidad para los agentes de viajes es similar: dejar de vender únicamente hotel y playa para comenzar a contar experiencias. Cuba, Aruba y Curaçao se potencian cuando se comercializan desde el relato, la segmentación por intereses y la integración de actividades culturales, gastronómicas, de bienestar y naturaleza desde el momento de la venta. En un Caribe cada vez más diverso y competitivo, el verdadero diferencial ya no está solo en la arena blanca, sino en todo lo que sucede más allá de la orilla.

By MAGAZINE TURISTICO DIGITAL

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