
Según trascendió, el pontífice tiene previsto un primer viaje a España durante el primer semestre del año, mientras que África aparece en agenda para junio, con Angola y Guinea Ecuatorial ya confirmando su expectativa de recibirlo. Sin embargo, el mayor interés regional se concentra en el viaje a América Latina, que se concretaría entre noviembre y diciembre e incluiría a Argentina, Uruguay y Perú.
En el caso peruano, la visita tiene una carga simbólica especial. León XIV —Henry Francis Prevost— vivió casi cuatro décadas en ese país, donde desarrolló una intensa labor pastoral y fue arzobispo de Chiclayo, cargo al que llegó por decisión del Papa Francisco. Además, posee la nacionalidad peruana, lo que refuerza el vínculo emocional y el entusiasmo local.
Para el turismo religioso, la posible gira papal representa un fuerte movimiento de peregrinos, tanto a nivel interno como regional, con impacto directo en alojamiento, transporte y servicios en los destinos involucrados. Argentina y Uruguay, países que no fueron visitados por el Papa Francisco durante su pontificado, aparecen ahora en una agenda que despierta expectativa tanto política como turística.
Además, versiones que circulan en ámbitos eclesiásticos señalan que León XIV estaría evaluando extender su itinerario con visitas a la basílica de Guadalupe, en México, y al santuario de Fátima, en Portugal, dos de los principales polos del turismo religioso mundial.
EL TURISMO RELIGIOSO: DE UN AÑO RÉCORD
El 2025 fue un año clave para la consolidación del segmento, el Jubileo católico concluyó con una cifra récord de más de 33,4 millones de peregrinos registrados (33.475.369) que llegaron a Roma durante el Año Santo, provenientes de 185 países.
Europa concentró el 62,63 % de los peregrinos, seguida por Norteamérica (16,54 %), Sudamérica (9,44 %), Asia (7,69 %), Oceanía (1,14 %), América Central y el Caribe (1,04 %), África (0,95 %) y Medio Oriente (0,46 %).
Más allá de los números, el Jubileo volvió a poner en evidencia la enorme capacidad de convocatoria del turismo religioso y el valor simbólico de la peregrinación como experiencia de fe compartida. De confirmarse esta agenda, 2026 podría convertirse en un nuevo perído clave para el turismo de fe, con una gira papal que combina simbolismo, historia personal y un alto impacto en los flujos turísticos internacionales.
