Festivales, el gran motor del turismo interno
Festivales, el gran motor del turismo interno
Las festividades populares y los eventos culturales se han consolidado como el gran motor del turismo interno, transformando fechas del calendario en hitos de movilización masiva. Más allá del color y la tradición, estos encuentros funcionan como un imán que redistribuye el flujo de viajeros a lo largo y ancho del país, logrando que destinos emergentes y consolidados mantengan una ocupación plena fuera de las temporadas convencionales.

En un contexto donde el turismo local busca fortalecerse, las fiestas actúan como la excusa perfecta para que el ciudadano redescubra su propio territorio. El incentivo del turismo local no solo responde a un deseo de esparcimiento, sino a una dinámica de identidad y pertenencia que genera un círculo virtuoso de consumo. Alrededor de cada escenario o cosmódromo se activa una maquinaria que involucra transporte, hotelería, gastronomía y artesanías regionales.

Esta movilización no es azarosa: es el resultado de una oferta cultural robusta que logra que el turista decida invertir sus ahorros dentro de las fronteras, priorizando la experiencia de cercanía por sobre los destinos internacionales. El impacto económico para las provincias es, quizás, el dato más contundente de este fenómeno. Un ejemplo claro de este éxito se vio recientemente en Córdoba con el Cosquín Rock, que no solo batió récords de asistencia, sino que dejó cifras de recaudación y ocupación hotelera que oxigenan toda la economía regional del Valle de Punilla.

CELEBRACIONES QUE IMPULSAN EL TURISMO INTERNO

En diálogo con Mensajero, autoridades provinciales de La Rioja y Santa Cruz coincidieron en que estas celebraciones no fueron eventos aislados, sino políticas de Estado que garantizaron la sostenibilidad del sector.

En el caso de la Fiesta Nacional de la Chaya, La Rioja se transformó en el epicentro de un fenómeno cultural que desbordó la capital y se expandió hacia el interior. Desde la cartera de turismo riojana destacaron que el impacto no solo se midió en la ocupación hotelera —que solía rozar el 100%—, sino en la visibilidad que el destino ganó a nivel nacional, traccionando visitantes que regresaron durante el resto del año.

José Rosa, secretario de Turismo de La Rioja, dialogó con Mensajero y destacó el valor de estos resultados en un contexto complejo: “Estos resultados reflejaron el compromiso de todo el sector turístico. En un escenario poco favorable para la actividad a nivel general, la Chaya trajo un respiro y volvió a confirmar su importancia como fiesta nacional convocante, capaz de dinamizar la economía y mantener viva nuestra identidad cultural”, afirmó el funcionario.

Según datos del Observatorio Económico de Turismo provincial, la estrategia de unificar la festividad con el feriado de Carnaval —fruto de una planificación conjunta entre el sector público y privado— resultó en un éxito rotundo: la provincia alcanzó un impacto económico total de $2.696.000.000. Los números reflejaron una movilización masiva que desbordó la capacidad instalada:

* Ocupación hotelera: la ciudad Capital registró picos del 95%, mientras que localidades como Sanagasta alcanzaron el 90%. A nivel provincial, el promedio se mantuvo en un sólido 70%.
* Flujo turístico: se contabilizaron 6.200 turistas que generaron un total de 21.700 pernoctes, evidenciando una estadía promedio que oxigenó no solo a la hotelería, sino también a la gastronomía y al comercio local.
* Efecto derrame: la dinámica no se agotó en la capital; el interior provincial superó el 60% de ocupación gracias a eventos como la Fiesta Provincial del Carnaval en Villa Unión y la Noche de las Comparsas en Chilecito, complementados por la demanda en atractivos naturales como el Parque Nacional Talampaya.

Por otro lado, la Fiesta Nacional del Lago, en El Calafate, representó el equilibrio perfecto entre naturaleza y espectáculo. Al combinar la majestuosidad de los glaciares con una cartelera artística de primer nivel, la provincia logró un pico de consumo en servicios turísticos que fortaleció a las pymes locales. Para Santa Cruz, la fiesta fue el gran “traccionador” que permitió que el turista nacional eligiera el sur en momentos donde la competencia de otros destinos era alta.

Julieta Saita, secretaria de Turismo de la ciudad, conversó con Mensajero y fue contundente respecto al rol de esta celebración: “La Fiesta del Lago no fue solo un festival de música; fue una inyección económica altísima para nuestra ciudad. Durante las noches de mayor convocatoria, alcanzamos el 100% de ocupación hotelera, lo que nos llevó a activar registros de alojamientos alternativos para que nadie se quedara sin lugar”.

Saita hizo hincapié en que el impacto trascendió las fronteras de la ciudad, atrayendo a un público regional y binacional que fue clave para el balance mensual: “Recibimos una afluencia masiva de visitantes de toda la provincia de Santa Cruz, pero también un flujo muy importante de Chile y del resto del país. Esto generó un círculo virtuoso: el turista venía por el show, pero consumía gastronomía, realizaba excursiones a los glaciares y compraba artesanías.

Y agregó: “La fiesta fue la gran vidriera que nos permitió mostrar que El Calafate estuvo activo y con servicios de primer nivel durante todo el año”. Finalmente, la funcionaria destacó la importancia de la planificación de eventos para combatir la estacionalidad, mencionando la sinergia entre la cultura y el deporte. “Fue un motor que no se detuvo y que benefició desde el hotel cinco estrellas hasta el pequeño comercio de barrio”, culminó.

“Nuestra estrategia fue clara: generar eventos de calidad que justificaran el viaje. La combinación de la Fiesta del Lago con fechas del Turismo Carretera o anuncios de bandas de estadio como La Renga nos permitió decir que el turismo en El Calafate ya no dependió solo de la naturaleza, sino de una agenda profesionalizada que generó empleo genuino para nuestros vecinos”.

By MAGAZINE TURISTICO DIGITAL

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