
La pareja logró regresar a Buenos Aires días después, pero su experiencia refleja las dificultades que enfrentaron varios viajeros que quedaron atrapados en la región ante el cierre del espacio aéreo y la cancelación de operaciones aéreas.
El viaje había sido planificado como una celebración especial. Gabriela y Jorge decidieron viajar a Turquía para festejar su aniversario, utilizando un canje de millas que les permitió organizar el itinerario con varios meses de anticipación. El programa incluía nueve días recorriendo distintos destinos del país, a los que finalmente se sumó una escala adicional en Dubái ofrecida por la empresa de turismo que había intermediado en la organización del viaje. Según contó Gabriela a Mensajero Turístico, la propuesta surgió a último momento como parte de una promoción de la agencia de viajes De Turista, para impulsar la ruta entre los pasajeros.
“A último momento la empresa nos ofreció tres días extras en Dubái porque estaban promocionando esa vía turística. No era un destino que tuviéramos previsto, pero como venía como una extensión del viaje decidimos aceptarlo”, relató. Tras completar el recorrido por Turquía, la pareja llegó a Emiratos Árabes Unidos y comenzó a recorrer la ciudad durante los primeros días sin ningún inconveniente. Sin embargo, el tercer día de estadía cambió completamente el panorama y transformó el viaje en una experiencia inesperada.
Según describió Gabriela, el momento en que comenzó el conflicto fue desconcertante. Mientras observaban el paisaje en la zona del Golfo Pérsico, comenzaron a escuchar un ruido fuerte similar al de un avión que parecía descender muy cerca. Sin embargo, al mirar alrededor no lograban identificar ninguna aeronave. “Después nos enteramos de que eran misiles”, explicó. Minutos más tarde comenzaron a llegar alertas a los teléfonos celulares con instrucciones emitidas por las autoridades locales.
Los mensajes, que aparecían en árabe y en inglés, indicaban que se trataba de una situación de emergencia y ordenaban a los residentes y visitantes refugiarse dentro de los edificios. Las recomendaciones incluían alejarse de las ventanas, cerrar cortinas, apagar luces y evitar circular por la vía pública. En ese contexto, las operaciones aéreas comenzaron a verse afectadas y los vuelos programados para los días siguientes fueron cancelados. Entre ellos estaba el vuelo de regreso que la pareja tenía previsto tomar al día siguiente.
“A partir de ahí comenzó una pesadilla”, resumió Gabriela al recordar las horas posteriores al estallido del conflicto. La primera reacción fue intentar reorganizar el regreso a la Argentina, pero rápidamente se encontraron con una serie de obstáculos. Según explicó, las comunicaciones con las empresas involucradas en el viaje no ofrecieron soluciones inmediatas y en muchos casos las alternativas implicaban volver a pagar servicios que ya estaban incluidos en el paquete original.
“Tuvimos que pagar nuevamente los pasajes y hotelería, a pesar de que todo ya estaba pago antes del viaje”, señaló. A medida que pasaban las horas, el grupo de argentinos que se encontraba en Dubái comenzó a intercambiar información para encontrar alguna alternativa que permitiera salir del país. En paralelo, varios viajeros tuvieron dificultades para realizar pagos porque algunas tarjetas bancarias habilitadas para operar en el exterior comenzaron a bloquearse.
Ante ese escenario, la salida más viable apareció a través de una alternativa terrestre. Un grupo de argentinos que se encontraba en una situación similar logró contactar a un conductor que ofrecía trasladarlos hasta Omán, un país que en ese momento se mantenía al margen del conflicto y cuyo aeropuerto continuaba operando con normalidad. La propuesta implicaba recorrer varias horas por el desierto para llegar a la frontera y desde allí intentar tomar un vuelo hacia otro destino internacional.
El traslado se concretó durante la madrugada. El micro partió alrededor de las tres de la mañana y atravesó el desierto durante aproximadamente ocho horas. Según relató Gabriela, el vehículo se encontraba en condiciones precarias y el conductor, un ciudadano pakistaní, no hablaba inglés ni español, lo que generó varios inconvenientes durante el trayecto. Incluso en el paso por migraciones surgieron dificultades porque el propio chofer no sabía cómo debía realizar el procedimiento y el grupo de argentinos tuvo que seguirlo para evitar que se fugara.
Finalmente lograron ingresar a Omán y llegar al aeropuerto. Allí, un grupo de once argentinos pudo comprar nuevamente pasajes para viajar hasta Estambul en un vuelo operado por la aerolínea con la que habían iniciado el viaje, Turkish Airlines. Sin embargo, el contexto del conflicto también afectaba esa operación, ya que varios espacios aéreos se encontraban restringidos o cerrados por motivos de seguridad, lo que obligaba a modificar las rutas habituales.
“El vuelo que normalmente dura tres horas terminó durando seis horas y media porque el avión tuvo que sobrevolar África”, explicó Gabriela. Una vez en Estambul, el grupo volvió a enfrentar la necesidad de reorganizar el último tramo del viaje. En ese aeropuerto debieron adquirir otro pasaje para regresar a la Argentina, algo que no todos pudieron resolver de inmediato debido a la alta demanda de vuelos.
La pareja logró conseguir lugar en un vuelo que partió durante la madrugada del día siguiente y finalmente arribó a Buenos Aires horas más tarde. Sin embargo, varios de los viajeros que habían compartido el trayecto desde Dubái continuaban intentando resolver su situación. “Hay una familia mendocina con dos adolescentes y una nena de siete años que todavía no pudo volver”, explicó Gabriela, quien aseguró que aún quedaban varios argentinos esperando una solución.
Durante los días de incertidumbre también surgieron problemas de salud dentro del grupo de viajeros. La pasajera comentó que la situación se agravó cuando la asistencia médica contratada, Universal Assitance, dejó de estar vigente al cumplirse la fecha original de regreso. Ante esa situación, Jorge —médico sanitarista y cirujano de emergencia— debió intervenir junto a otro profesional que se encontraba en el grupo para asistir a quienes presentaban síntomas o malestares.
“Tuvimos casos de gastroenteritis y hasta un cuadro de preinfarto”, relató. Según explicó, además de la atención médica improvisada también debieron contener situaciones de angustia y estrés que comenzaron a aparecer entre los pasajeros a medida que se prolongaba la incertidumbre sobre el regreso. La falta de asistencia formal y la imposibilidad de acceder fácilmente a medicamentos complicaron aún más el panorama.
Más allá de la experiencia vivida, la pareja asegura que aún quedan cuestiones pendientes vinculadas a los gastos extraordinarios que debieron afrontar durante el viaje. Según explicó Gabriela, varios de los servicios que tuvieron que contratar nuevamente fueron pagados con dinero prestado por familiares o amigos en la Argentina. Además, conservaron facturas y comprobantes para evaluar posibles reclamos legales.
“Hemos tenido que pedir plata prestada para regresar”, afirmó. Incluso, agregó, recibieron un mensaje posterior por parte de la empresa De Turista solicitando un pago adicional de 290 dólares por persona. Según indicó Gabriela, todavía no recibieron una explicación clara sobre el concepto de ese cargo y el grupo de viajeros se esta asesorando para avanzar con una demanda colectiva.
Después de atravesar cancelaciones, desvíos, incertidumbre y un regreso improvisado que incluyó un cruce a ciegas por el desierto, la experiencia dejó una marca difícil de olvidar. “Quienes viajen hoy por turismo deben pensar que en cualquier lugar que estén le puede pasar lo que nos pasó a nosotros. Sufro por las familias argentinas que todavía están en Dubái, pese a los comunicados falsos de la cancillería, porque están absolutamente desamparados”, aseguró Jorge. Finalmente, cuando se les preguntó cómo imaginan futuros viajes para celebrar su aniversario, la respuesta fue directa y cargada de ironía. “Nuestro próximo festejo de aniversario va a ser en la plaza del barrio”, concluyó Gabriela. “De ahí no me muevo”.
