
El acceso no es sencillo: los huéspedes llegan en 4×4 hasta la base de la montaña, recorren un sendero entre bosques y finalmente ascienden por una vía ferrata —un tramo de escalada asistida con arnés— hasta alcanzar el lugar donde pasarán la noche. Desde allí, la vista es absoluta: la cordillera, el valle del río de las Vueltas y un cielo patagónico que parece al alcance de la mano.
El concepto, creado por OVO Patagonia, mezcla aventura y lujo en dosis iguales. Las cápsulas, fabricadas en acero y policarbonato, cada una de las cuatro cápsulas ofrece vistas panorámicas de 360 grados. Constan de tres plantas: una cama en la planta superior, un salón minimalista en el centro con baño seco y, en la planta inferior, una red que ofrece la mejor experiencia de altura. No hay televisión ni señal de celular: la desconexión forma parte de la experiencia.
El alojamiento está pensado para quienes buscan algo distinto. La estadía incluye guía especializado, traslados y equipamiento técnico, y se recomienda tener un mínimo de condición física para realizar el ascenso. El costo ronda los USD 1.600 por noche para dos personas, con todo incluido.
Desde su inauguración en 2024, el lugar se convirtió en una curiosidad internacional. Destacado por su carácter inédito en Sudamérica, recibe a fotógrafos de National Geographic e influencers de viajes que lo catalogaron como una de las experiencias más impactantes de la región.
La temporada ideal para vivirlo es de noviembre a marzo, cuando el clima es más estable y los vientos patagónicos son más amables. En invierno, la actividad se suspende por razones de seguridad. Dormir suspendido en la montaña, con el silencio absoluto como banda sonora y el Fitz Roy iluminado por la luna frente a los ojos, no es para cualquiera.
