Tres formas de habitar Salta: del adobe calchaquí a la selva de montaña
Tres formas de habitar Salta: del adobe calchaquí a la selva de montaña
En un contexto donde el turismo empieza a correrse de lo masivo para buscar experiencias más auténticas, Salta consolida una oferta de alojamientos que va más allá del descanso y deja una propuesta ideal para Semana Santa. En distintos puntos del territorio, propuestas de escala humana combinan identidad, paisaje y hospitalidad para redefinir el concepto de lujo.

Sobre la Ruta 40, en las inmediaciones de Cachi, Sala de Payogasta se posiciona como uno de los proyectos con mayor trayectoria en los Valles Calchaquíes. Instalado en una casona de adobe centenaria, el hotel creció sin perder su esencia.

Su estructura tiene mas de 100 años, y conserva sus pisos y paredes curadas con adobe y piedra de la epoca. Desde su comienzo, la estructura vio pasar a muchos trabajadores de la tierra y fue remodelado como alojamiento hace 18 años. Cuenta con 13 habitaciones – suite, estandar, familiar y que dan vista al nevado de cachi- en la que pueden entrar de 3 a 5 personas.

Dentro de la propuesta y el presupuesto también se brinda un excelente servicio de gastronomia, elaborados y cultivados en el establecimiento a cargo de la Cheff Elvira Cuello. Su calidez y dedicación hacen del restaurante una experiencia auténtica y profundamente ligada al espíritu del lugar. El restaurante está inmerso en un paisaje de naturaleza auténtica, donde el entorno rural y la tranquilidad del campo acompañan cada comida, creando una experiencia sensorial que va más allá del sabor.

También en Cachi, El Cortijo Hotel Boutique suma otra capa a la oferta del destino, con una propuesta que combina confort y estética regional. Aunque con un perfil más orientado al segmento boutique, el alojamiento mantiene el vínculo con el entorno como eje central, integrando arquitectura, paisaje y descanso en una experiencia cuidada.

“Hace veinticinco años que estamos trabajando como hotel. Se empezó con algo pequeño y después se fue ampliando el restaurant, la galería y las habitaciones”, cuenta Rosa Guaimástermen quien hoy está a cargo del establecimiento.

Actualmente, cuenta con 13 habitaciones —entre estándar, superiores y con terraza— y una capacidad para entre 26 y 28 huéspedes. La operación, sostenida por un equipo de 12 personas, mantiene una lógica cercana, donde el servicio se construye desde lo personalizado. La tarifa incluye desayuno y permite sumar servicios como la cena de forma flexible, en línea con una experiencia menos estructurada y más adaptada al ritmo del viajero.

En paralelo, a unos kilómetros pero en un ecosistema completamente distinto, Finca La Vida propone una inmersión total en las Yungas salteñas. Ubicada sobre la Ruta 33, esta finca familiar rompe con los esquemas tradicionales de la hotelería.

“Este es un emprendimiento familiar que nació como una casa de fin de semana. Después decidimos compartirlo con quienes quieran disfrutar de la naturaleza”, explica María Luisa, administradora del lugar.

Con un enfoque de turismo sustentable, el establecimiento funciona con energía solar y agua de vertiente, y basa su propuesta en una conexión directa con el entorno. “Tenemos una huerta orgánica y armamos los menús según cada grupo. Cosechamos, cocinamos y hacemos todo en la casa”, detalla.

Con capacidad para unas 25 personas y foco en grupos, Finca La Vida se especializa en eventos y encuentros donde la naturaleza es protagonista. Actividades como el avistaje de aves —con más de 180 especies registradas— refuerzan su perfil vinculado al ecoturismo.

Aunque diferentes en estilo y ubicación, las tres propuestas comparten un mismo denominador: la autenticidad como valor central. Ya sea en el silencio de los Valles Calchaquíes o en la biodiversidad de la selva de montaña, el lujo se redefine lejos de lo ostentoso y más cerca de lo esencial.

By MAGAZINE TURISTICO DIGITAL

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