
No es un dato menor. El turismo representa cerca del 6 % del PBI argentino y genera más de un millón de empleos. A nivel global, el sector ya superó los 1500 millones de viajeros internacionales y sigue en expansión. Pero ese crecimiento no es homogéneo: los destinos compiten cada vez más entre sí, y no todos están preparados.
DE LA PROMOCIÓN A LA GESTIÓN
Durante años, el desarrollo turístico en Argentina estuvo impulsado por políticas públicas, inversión estatal y promoción. Hoy, ese esquema se redefine.
El nuevo escenario es más directo:
cada destino deberá sostener su competitividad con gestión propia.
Esto no es una excepción. Es lo que ya ocurrió en otros países.
* En España, destinos como Barcelona pasaron de la promoción masiva a regular flujos turísticos y diseñar experiencias segmentadas para evitar saturación.
* Portugal transformó ciudades como Lisboa apostando a identidad, gastronomía y reconversión urbana, logrando reposicionarse en menos de una década.
* En Chile, el desarrollo de San Pedro de Atacama se basó en ordenar la oferta, profesionalizar servicios y construir una narrativa clara de destino.
El patrón se repite: no crecen los destinos con más recursos, sino los que mejor los organizan.
QUÉ DEFINE EL TURISMO QUE VIENE
En este contexto, proyectar los próximos dos años implica enfocarse en algunos atributos clave:
* Identidad: saber qué lugar se ocupa en el mapa turístico
* Producto: transformar atractivos en experiencias concretas
* Gestión profesional: planificar, medir y ajustar
* Sostenibilidad: como condición real, no solo discursiva
* Inteligencia de mercado: entender al visitante y segmentar la oferta
Sin estos elementos, la competencia se vuelve desigual.
UN ESCENARIO MÁS EXIGENTE
El cambio de modelo abre oportunidades, pero también expone debilidades. Muchos destinos en Argentina todavía dependen de la promoción genérica o de la estacionalidad. En un contexto más competitivo, eso tiende a diluirse.
La experiencia internacional muestra que el crecimiento sostenido no es espontáneo: es el resultado de decisiones estratégicas consistentes en el tiempo.
Desde mi perspectiva, este nuevo escenario no debería leerse como una pérdida, sino como un punto de inflexión.
El turismo argentino tiene recursos, diversidad y potencial. Lo que está en discusión no es eso, sino la capacidad de transformarlo en propuestas competitivas y sostenibles, para ello hay que capacitarse, trabajar en equipo en forma disciplinada utilizando todas las herramientas para ajustarse lo más posible al máster plan diseñado
Si algo deja claro este cambio, es que el futuro del turismo no se va a definir en la promoción, sino en la gestión. Y en esa diferencia, en los próximos años, se va a jugar buena parte del posicionamiento de nuestros destinos.
