
La preocupación radica en el impacto financiero que sufrirán los viajeros individuales y familiares, quienes verán reflejado un cargo extra muy considerable solo en concepto de tasas gubernamentales. De acuerdo con los relevamientos sectoriales, la brecha de precios frente a las terminales aéreas de los países vecinos será tan drástica que amenaza con desviar el flujo de pasajeros hacia aeropuertos cercanos para esquivar los nuevos costos.
Puntualmente, Países Bajos es la nación que prepara los impuestos aéreos más altos de la Unión Europea. El plan impulsado por las autoridades de La Haya proyecta elevar el gravamen a la aviación en un 140% para el año 2027. Esto significa que la tasa para los vuelos de larga distancia pasará de los 32,70 dólares actuales a unos 78,50 dólares por billete, una cifra significativamente superior a la que abonan los usuarios que despegan desde terminales alternativas en la región.
REBELIÓN Y RESISTENCIA DEL SECTOR TURÍSTICO
La determinación del proyecto impositivo desató una inmediata reacción en cadena por parte de las principales aerolíneas y empresas turísticas que operan en el mercado neerlandés. Compañías de la envergadura de KLM, TUI, Corendon y Transavia, junto a la asociación de agencias de viajes y turoperadores locales (ANVR), lanzaron de forma conjunta la campaña “Gelijke Vliegtaks” (Tasa aérea igualitaria) para exigir que el Gobierno reconsidere la medida.
El malestar corporativo y social es total. Una encuesta realizada por la consultora Markteffect reveló que dos tercios de los usuarios temen que volar desde ese territorio se vuelva prohibitivo, mientras que el 71% de los ciudadanos sostiene que la aviación comercial debería seguir siendo accesible para los sectores de ingresos medios y bajos.
Para dimensionar la disparidad transfronteriza que generará la norma, desde la ANVR graficaron que, para 2027, una familia de cuatro integrantes que viaje, por ejemplo, hacia Turquía desde territorio neerlandés deberá abonar más de 207 dólares únicamente en impuestos. En contraposición, un itinerario idéntico partiendo desde un aeropuerto de Bélgica implicaría un costo impositivo de apenas 43,60 dólares.
RIESGO DE FUGA DE PASAJEROS Y PÉRDIDA DE RUTAS
La máxima ejecutiva y presidenta de KLM, Marjan Rintel, respaldó con dureza las críticas del sector y advirtió sobre las distorsiones operativas que provocará esta asimetría tarifaria dentro del espacio europeo. Según la directiva, los pasajeros optarán masivamente por cruzar la frontera y despegar desde Alemania o Bélgica para abaratar costos.
“Los viajeros o bien sufrirán un fuerte impacto económico o bien optarán por salir de aeropuertos al otro lado de la frontera. Eso no beneficia al clima y, si los viajeros y las empresas se marchan, algunos destinos desaparecerán”, sentenció Rintel.
La problemática se enmarca en un escenario global complejo donde las aerolíneas exigen que las políticas regulatorias y ambientales se traten de manera unificada a nivel continental y no mediante decisiones unilaterales de cada Estado.
De hecho, el incremento de la presión fiscal en los hubs aéreos es parte de una tendencia técnica profunda que mantiene en vilo al sector comercial, tal como se analiza en el informe especial sobre cómo Europa debate el costo de volar ante la disparidad de tasas aéreas, donde se detalla el riesgo latente de perder competitividad frente a otros bloques regionales.
