
Para profundizar en este escenario, Valentín Díaz Gilligan, presidente del Ente de Turismo porteño y de Visit Buenos Aires: y Karina Perticone, directora ejecutiva del organismo de promoción internacional, quienes detallaron cómo la capital argentina ha logrado obtener y mantener el prestigioso reconocimiento de la Guía Michelin.
UN CERTIFICADO DE CALIDAD GLOBAL CON LA GUÍA MICHELIN
El hecho de que la ciudad celebre su tercer año consecutivo dentro de la Guía Michelin no es un detalle menor. De esta manera, ambos coincidieron en que este reconocimiento sitúa a la ciudad en un club exclusivo en Latinoamérica, compartido únicamente con destinos como Mendoza, México y las principales ciudades de Brasil. Para Díaz Gilligan, la presencia de la guía es mucho más que una lista de restaurantes premiados; funciona como un auténtico “sello de calidad” que derrama beneficios sobre todo el ecosistema.
Aunque actualmente son 60 los establecimientos distinguidos por la guía, el impacto alcanza a los más de 7000 locales gastronómicos que posee la ciudad. Esta distinción genera un efecto de mejora sistémica: “Todos de alguna forma mejoran y todos se desafían más y todos quieren estar”, lo que termina elevando el estándar de servicio tanto para los vecinos porteños como para los turistas.
Es importante destacar que el desembarco de Michelin no fue inmediato. La organización realizó un estudio previo que demandó más de cinco años para verificar si Ciudad de Buenos Aires calificaba como destino, evaluando no solo la excelencia individual, sino el “volumen y la calidad” sostenida del sector.
LA IDENTIDAD: DIVERSIDAD, INMIGRACIÓN Y FEDERALISMO
¿Qué hace que la cocina de Buenos Aires sea única en un mundo donde la alta gastronomía es un activo en el que compiten todas las grandes metrópolis? La respuesta reside en su identidad híbrida. Díaz Gilligan y Perticone coinciden en que la base fundacional —compuesta por las corrientes española, italiana y criolla— se ha enriquecido con el aporte constante de inmigrantes de todas partes del mundo, creando una propuesta que “ningún otro destino puede mostrar” con la misma fuerza.
A esta diversidad cultural se suma la potencia de los productos nacionales. La ciudad funciona como una gran vidriera de lo que produce Argentina: desde su producto emblema, la carne, hasta los vinos provenientes de Mendoza o Salta. Esta combinación de técnica internacional con insumos de origen federal permite que Buenos Aires tenga un posicionamiento internacional envidiable.
EL MOTOR ECONÓMICO DEL TURISMO RECEPTIVO
Desde el punto de vista técnico y estadístico, la gastronomía ha dejado de ser un complemento para convertirse en una de las cinco razones principales por las que un viajero elige visitar la ciudad. Los datos son contundentes: la valoración que los turistas otorgan a la experiencia culinaria en Buenos Aires es de 9.2 sobre 10, superando a otros rubros como la hotelería, la seguridad o la limpieza.
Este prestigio se traduce en beneficios económicos tangibles. Al respecto, explicaron que la oferta gastronómica de alta gama actúa como un imán que logra “alargar la estadía” de los visitantes. El razonamiento es directo: al sumar experiencias gastronómicas de nivel Michelin a su itinerario, el turista decide quedarse más tiempo en la ciudad, lo que a su vez incrementa el gasto promedio y mejora la “calidad de gasto” en el destino.
Además, la gastronomía ayuda a mitigar la estacionalidad. A diferencia de otros centros turísticos, Ciudad de Buenos Aires mantiene una ocupación promedio alta durante todo el año, sin picos tan marcados, en parte gracias a que su oferta de sabores es atractiva en cualquier estación.
Estrategia y desafíos a futuroEl mantenimiento de este estatus requiere una inversión constante y una visión compartida. Díaz Gilligan subraya que estar en la Guía Michelin es un “esfuerzo de la ciudad” y una inversión estratégica que se trabaja en conjunto con la Nación. “Es importante seguir invirtiendo… es la única forma de poder seguir manteniéndonos”, advierte el funcionario.
Por otro lado, se destaca el rol fundamental del sector privado. La calidad que hoy exhibe la ciudad no sería posible sin la “gran inversión” de los dueños de restaurantes, los chefs y sus brigadas, quienes apuestan por mantener salones y servicios de estándar internacional.
Para potenciar este esfuerzo, Perticone comentó que desde Visit Buenos Aires se ejecuta un plan específico que incluye la participación en foros de turismo y la invitación a prensa internacional y agentes de viaje, asegurando que los restaurantes porteños aparezcan de forma destacada en el mapa global.
De esta manera, la gastronomía no es solo un placer para los sentidos en Buenos Aires; es una política de Estado y un pilar económico. Con el respaldo de la Guía Michelin y una identidad que abraza sus raíces inmigrantes y sus productos federales, la ciudad se proyecta al futuro como una capital culinaria indiscutible, donde cada plato servido es una invitación a descubrir la riqueza de toda la Argentina.
