
Ese proceso continúa actualmente. El tiempo compartido conserva parte de las características que marcaron su expansión, pero incorpora sistemas de puntos, períodos más cortos, semanas flotantes, intercambios y diferentes modalidades de uso para responder a nuevos hábitos de consumo. Para Juan Torres, presidente de la Cámara Argentina de Tiempo Compartido (CATC), el cambio forma parte de una transformación general de la actividad turística.
“Antes la gente vacacionaba un mes, 15 días o una semana. Hoy es necesario ser flexible. Y el tiempo compartido también se actualizó a esta modalidad”, explicó en Mensajero. Actualmente conviven sistemas de puntos, semanas flotantes, períodos de uso más breves, alquileres y diferentes modalidades contractuales.
DEL PRECIO A LA EXPERIENCIA
Ignacio de Nicola, gerente de Club Vacacional de Bahía Manzano Resorts Club, conoce esa transformación desde la operación diaria. La compañía cuenta con dos establecimientos en Villa La Angostura: Bahía Manzano, que inauguró en 1991, y Montaña Resort, que abrió sus puertas en 2009.
De Nicola remarca que el tiempo compartido debe entenderse como una forma de uso y no como un tipo específico de establecimiento. En el caso de Bahía Manzano, los complejos funcionan bajo un esquema mixto entre hotelería y club vacacional: en una primera etapa predominaron las semanas fijas, posteriormente aparecieron las flotantes y, en la actualidad, existen alternativas con mayor margen para modificar fechas, temporadas y unidades.
También cambió el factor que determina la decisión de compra. Durante la expansión de los años 90, el atractivo estuvo asociado principalmente con la posibilidad de acceder a determinados hoteles y destinos, además del precio y la financiación. “Hoy se basa en una experiencia y calidad de servicio. El huésped va a elegir y comprar en función de qué experiencia se le brinda y qué calidad de servicio tiene. Es un tema de valor más que de precio”, sostuvo De Nicola.
Los clientes buscan hoy temporadas más amplias, posibilidad de cambiar unidades, acumular semanas o utilizar más de una estadía de manera consecutiva. “El desafío siempre es generar productos acordes a las necesidades de los clientes del momento”, afirma De Nicola.
LA DESESTACIONALIZACIÓN COMO DIFERENCIAL
Más allá del formato comercial, los operadores destacan otro elemento: la capacidad del sistema para generar movimiento fuera de los períodos de mayor demanda. Bahía Manzano Resorts Club registra, según De Nicola, una ocupación promedio anual superior al 75%, mientras que Villa La Angostura en su conjunto se ubica en niveles cercanos al 40%. El ejecutivo atribuye buena parte de esa brecha de más de 35 puntos a la combinación entre hotelería tradicional y club vacacional: “Tenemos huéspedes todo el año, actividad todo el año y servicios todo el año”, señala.
Torres presenta un diagnóstico similar. De acuerdo con el presidente de la CATC, en Argentina existen cerca de 130 resorts que trabajan con esta modalidad, en su mayoría bajo esquemas mixtos. Como ejemplo, menciona el comportamiento durante las últimas vacaciones de invierno de uno de los establecimientos que preside en Mar del Plata: mientras el destino registró niveles de ocupación de entre 25% y 30%, el complejo superó el 90%.
Gustavo Hermida, propietario de Apart del Lago, en Bariloche, coincide con ese potencial, aunque introduce una mirada más cauta sobre las condiciones actuales para comercializar el producto. Hermida explicó que el establecimiento dejó hace un año y medio la comercialización masiva y pasó de unos 1.400 socios a cerca de 800 activos.
A su entender, los costos financieros, la presión impositiva y la competencia de las plataformas dificultan hoy sostener estructuras comerciales de gran escala. “Hoy los equipos de venta comúnmente actúan solamente in-house, ofreciendo el producto a los huéspedes del hotel”, explica. Los antiguos operativos con promotores, supervisores y estructuras amplias de captación perdieron viabilidad frente al incremento de los costos.
CONTRATOS MÁS CORTOS Y SISTEMAS DE PUNTOS
Una de las modificaciones más visibles aparece en la duración de los contratos. Hermida recuerda que anteriormente podían comercializarse compromisos de hasta 30 años, mientras que actualmente existen productos de diez o cinco años e incluso modalidades que concluyen una vez consumida una determinada cantidad de semanas. “Ya no se venden, salvo excepciones, como era antes, acciones de una sociedad. Lo que se compra es una cantidad limitada de derecho de uso”, explicó.
Desde la perspectiva de Hermida, la propiedad vacacional funciona como una modalidad de hotelería anticipada y necesita ofrecer una ventaja concreta frente a la disponibilidad permanente de tarifas en las plataformas digitales. En ese escenario, los sistemas de puntos y las redes de intercambio aportan dinamismo al producto.
Torres también pone el acento en los intercambios internacionales. La cámara trabaja con RCI e Interval, redes que permiten depositar una semana en un establecimiento y utilizarla posteriormente en otro destino adherido, lo que amplía el alcance del sistema y evita asociarlo exclusivamente con regresar todos los años al mismo establecimiento.
La financiación representa otra herramienta dentro del contexto argentino: algunos establecimientos incorporan planes de cuotas tanto para la adquisición como para servicios complementarios.
EL DESAFÍO DE AMPLIAR EL MERCADO
Por último, desde la CATC mantiene entre sus objetivos ampliar su base de empresas y fortalecer la formación vinculada con la actividad. “Vamos a lanzar, junto con las cadenas internacionales, un plan destinado a incorporar nuevos establecimientos, con beneficios vinculados con consultoría y asesoramiento legal e impositivo”, anticipa el presidente de la CATC.
