
Según explicó Brendan Sullivan, Global Head of Cargo de la IATA, la iniciativa responde de forma directa a la necesidad de ofrecer certidumbre en un segmento que registra una alta demanda. “Las personas que viajan con sus mascotas necesitan una orientación clara sobre qué esperar en cada etapa del viaje. Pasajeros bien preparados y buenas prácticas compartidas permiten a las aerolíneas entregar una experiencia más segura y consistente”, señaló el directivo.
UN SEGMENTO EN CRECIMIENTO CON VACÍOS DE INFORMACIÓN
El lanzamiento de este manual técnico se sustenta en los datos de la Encuesta Global de Pasajeros 2025 de la IATA, que reflejó que casi una cuarta parte de los usuarios viaja o consideraría hacerlo con sus animales. Sin embargo, el informe detectó importantes fricciones en la experiencia del cliente; un 41 % de los encuestados sufre incertidumbre sobre si su mascota cumple con las normativas para volar, mientras que un 36 % manifiesta dudas respecto a las políticas particulares de cada operador y un 34 % no comprende el proceso general exigido para el embarque.
REGULACIONES OPERATIVAS Y EXIGENCIAS A BORDO
Para mitigar estas fallas de comunicación, el manual establece directrices estrictas que involucran tanto la preparación del pasajero como la auditoría de la aerolínea. En términos biológicos y de salud, se determina que los perros y gatos deben tener un mínimo de ocho semanas de vida y estar destetados. Asimismo, la entidad desaconseja de manera enfática el uso de sedantes o tranquilizantes durante el vuelo, salvo prescripción veterinaria expresa, debido a los potenciales efectos adversos a gran altura.
La logística del traslado también suma exigencias rigurosas sobre el contenedor o transportadora, el cual debe garantizar dimensiones que permitan al animal pararse, sentarse, girar y recostarse con total naturalidad, contemplando materiales seguros y ventilación adecuada.
Por su parte, el personal de tierra de las aerolíneas asume un rol crítico en el mostrador de check-in, quedando facultado para auditar que el contenedor cumpla con los estándares mínimos; en caso de no registrar conformidad, se deberá denegar el embarque. Finalmente, las compañías aéreas tendrán la tarea de calcular y limitar los cupos máximos de animales permitidos por vuelo, evaluando la capacidad en función del modelo de la aeronave, la configuración de los asientos y el espacio disponible para resguardar la seguridad y comodidad general de la operación.
