
Los números son contundentes. Según proyecciones de Market Research Future, el mercado del turismo sostenible podría multiplicarse por diez a nivel mundial para 2034. En América Latina, el Mapeo de Sostenibilidad que desarrollamos desde Turtech muestra que más del 95% de los destinos ya percibe una tendencia ascendente en la demanda de productos y servicios sustentables. No estamos hablando de un nicho consciente: estamos hablando del mercado. El viajero cambió. La pregunta es si la industria está cambiando a la misma velocidad.
EL ERROR DE TRATAR LA SOSTENIBILIDAD COMO UN SELLO COSMÉTICO
El primer desafío que veo en el sector es distinguir entre gestión real y apariencia de gestión. Certificarse en sostenibilidad —a través de estándares internacionales como Biosphere, por ejemplo— es un paso concreto y valioso: implica demostrar con evidencia que ya se están tomando decisiones en la dirección correcta. Lo mismo ocurre con los reportes de sostenibilidad: no son un ejercicio burocrático sino una herramienta de rendición de cuentas que construye credibilidad frente al mercado. El problema no es la certificación: es cuando la comunicación corre más rápido que los hechos. Decir que se es sostenible porque se opera en la naturaleza, o porque se contrata a comunidades locales como decorado de una experiencia sin darles protagonismo real ni retribución justa, eso sí es cosmético. Los destinos y operadores que están ganando relevancia son los que pueden demostrar, con métricas concretas, que su modelo genera encadenamientos económicos reales, conserva el ecosistema que venden y convierte a las comunidades en protagonistas, no en espectadores.
La reflexión que propongo al sector es directa: la sostenibilidad no es un acto voluntario ni una postura ética aislada. Es la métrica que va a definir la viabilidad comercial y financiera del negocio en la próxima década. Quien no estructure su oferta desde esa lógica ahora, no va a poder competir en un mercado donde el viajero exige transparencia y donde los estándares internacionales se vuelven cada vez más exigentes.
EL VIAJERO YA TOMÓ LA DECISIÓN: LA INDUSTRIA TIENE QUE ACOMPAÑARLO
Hay algo que los datos confirman y que en el trabajo cotidiano se siente con claridad: el viajero ya está tomando decisiones de consumo más conscientes, y la industria todavía no diseñó los productos a la altura de esa demanda. El Slow Travel —la lógica de visitar menos destinos pero con mayor profundidad— no es una tendencia marginal: es la respuesta más concreta a un viajero que prioriza la experiencia local por sobre la acumulación de lugares. Ese perfil gasta más, recomienda más y vuelve. Es el cliente más rentable del sector.
Diseñar para ese nuevo viajero implica también pensar en la cadena completa: qué alojamientos se recomiendan, dónde se come, qué experiencias se ofrecen. Cada decisión de compra que el viajero toma dentro de un destino es una oportunidad para que el dinero llegue a la comunidad local o se fugue hacia cadenas sin arraigo territorial. La industria que entiende eso construye productos donde el consumo local no es un detalle pintoresco sino el eje de la propuesta de valor. Y eso, además, es lo que los Objetivos de Desarrollo Sostenible plantean como criterio de evaluación: no alcanza con no hacer daño, hay que generar desarrollo real en las comunidades donde operamos.
LO QUE LA INDUSTRIA NECESITA HACER DISTINTO
Desde mi experiencia acompañando a empresas y destinos en este proceso, hay tres movimientos que marcan la diferencia. Primero, dejar de vender sostenibilidad como atributo y empezar a gestionarla como modelo: revisar cadenas de proveedores, medir impacto real —social, ambiental y económico— y comunicar con evidencia, no con intención.
Segundo, tomarse en serio la autenticidad como propuesta de valor. Los destinos que ofrecen una combinación única de historia, paisaje y comunidad viva no compiten por precio: compiten por relevancia. Y esa relevancia es cada vez más difícil de replicar, lo que los vuelve más sostenibles también en términos comerciales.
Tercero, asumir que la visibilidad de lo que se hace bien también es una responsabilidad. Hay operadores, destinos y empresas en la región —como PROMPERÚ, que está desplegando una propuesta donde la biodiversidad y el bienestar de las comunidades locales son los verdaderos protagonistas— construyendo modelos extraordinarios que el mercado no conoce porque no tienen los canales ni los espacios para mostrarlo. Esa brecha tiene un costo comercial real.
SXS: EL ESPACIO PARA ACELERAR ESE CAMBIO
Por eso creamos la Semana por la Sostenibilidad (SxS): para conectar a la industria con los viajeros, los medios y los referentes que están construyendo este nuevo estándar. Del 8 al 14 de junio, en formato 100% online y acceso abierto, el evento reúne casos verificables, guías prácticas y debate real sobre cómo estructurar, vender y comunicar productos sostenibles que sean competitivos.
La primera edición superó las 3,6 millones de visualizaciones y llegó a más de 10 países. Este año sumamos la participación de PROMPERÚ y empresas como Aero —con su Programa Aero Sostenible 2030—, entre otros referentes que están demostrando que este modelo no solo es posible sino rentable.
El sector tiene la información. Tiene los casos. Tiene la demanda enfrente. Lo que necesita es decidir si se mueve ahora o espera a que el mercado lo obligue.
Toda la información en sxs.turtech.travel
