
Hasta ahora, ese porcentaje representaba una fuente central de ingresos para las agencias, permitiéndoles sostener su estructura operativa. Con su eliminación, el sector se ve forzado a acelerar un proceso de reconversión: desde la implementación de fees de servicio más explícitos hasta el desarrollo de productos de mayor valor agregado, como paquetes dinámicos, asesoramiento personalizado o servicios complementarios.
Desde el lado de las aerolíneas, el cambio simplifica la estructura de costos de distribución y abre margen para redefinir estrategias tarifarias. En términos técnicos, la eliminación de intermediación comisionada podría impactar en indicadores como el RevPAR (Revenue Per Available Seat Mile), ya sea vía ajustes en tarifas base o mediante reinversión en conectividad y experiencia del cliente.
El nuevo esquema también tensiona la competencia. Las agencias que logren adaptarse con mayor rapidez —optimizando eficiencia operativa y diferenciando su propuesta— tendrán ventaja en un mercado que tiende a premiar la especialización. En paralelo, el movimiento podría favorecer a las OTAs, que ya operan bajo modelos de ingresos mixtos basados en márgenes netos, acuerdos comerciales y cargos por servicio.
Para el consumidor, el efecto no será lineal. Si bien en teoría la reducción de costos de intermediación podría traducirse en tarifas más competitivas, el resultado final dependerá de cómo cada actor traslade —o no— ese ahorro al precio final. En contrapartida, sí se espera una mayor transparencia en la estructura de costos, lo que facilitaría la comparación entre opciones en un entorno cada vez más digitalizado.
Más allá del caso puntual, la decisión se inscribe en una tendencia global hacia la desintermediación y la reconfiguración de los canales de venta en turismo. En ese marco, lo que ocurra en Paraguay funciona como un laboratorio regional sobre cómo evoluciona el vínculo entre aerolíneas, agencias y pasajeros en un ecosistema en transformación.
